Mujeres libres de violencia

El 25 de noviembre se conmemora el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”. Una fecha que convoca a reflexionar y actuar para garantizar a las mujeres, niñas y adolescentes un ejercicio pleno de sus derechos.

En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre como el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”, fijando esta fecha como un elemento de sensibilización y concientización. A través de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer se reconoció oficialmente el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia. Los impactos de la violencia contra las mujeres se ven a simple vista: sociales, educativos, culturales, económicos, de acceso a la justicia, a la salud, a la distribución de la riqueza entre tantos otros comprobados por múltiples organismos y evidencia científica.

Según informes de diversos organismos internacionales, tales como la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Organización Mundial de la Salud, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el Foro Económico Mundial, el Instituto de Estadísticas de la Unesco, entre otros, ser mujer en el mundo actual es una desventaja y en muchos contextos una amenaza a la integridad psico física. América Latina no escapa a la tendencia mundial respecto a la situación de las mujeres. Según el Informe anual 2013-2014 del Observatorio de igualdad de género de América Latina y el Caribe, si bien nuestra región ha presentado avances legislativos sobre la situación general de la mujer, la persistencia de desigualdades de género en la autonomía física, económica y en la toma de decisiones tiene una traducción en la violencia que viven las mujeres.  Argentina no escapa a esta tendencia.

Sin embargo, hay un panorama aun peor. Ser mujer niña o adolescente en América Latina. La reciente publicación de la CEPAL “Niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe: deudas de igualdad” pone de manifiesto el complejo entramado de discriminación, exclusión y violencia en que crecen las niñas y adolescentes mujeres en nuestra región. La violencia de género es un problema transversal, universal, que se inicia en la infancia y que tiene múltiples expresiones: en el hogar, en las instituciones, en el ámbito educativo, de la salud, en los espacios públicos y privados.

Según este documento, en nuestra región el 55% de los hogares tiene niñas o adolescentes mujeres, y de ellos un tercio se encuentra en situación de pobreza, revelándose un vínculo estrecho entre esta vivencia y fenómenos tales como el abandono escolar, la incidencia de embarazo a edades tempranas, la unión conyugal siendo niña o adolescente, los cuales profundizan la reproducción de la pobreza y desigualdad, incluida la de género.

Las vulnerabilidades específicas que deben atravesar niñas y adolescentes constituyen un impedimento en el pleno ejercicio de sus derechos, en su desarrollo integral, en las oportunidades de acceso, autonomía y ejercicio de ciudadanía y constituyen, además, una de las principales barreras para el desarrollo social y económico, presente y futuro, de la región. Es imperioso garantizar los derechos y denunciar la situación en que viven las niñas y adolescentes en América Latina.  Es prioritario alzar la voz y comprender que las desigualdades que padecen no sólo son una injusticia respecto a los derechos humanos sino que además se proyectan, amplifican y condicionan hasta la adultez.

Para poner fin a la violencia contra las mujeres es indispensable trabajar en la igualdad de género y en el empoderamiento de ellas. Desde Aldeas Infantiles SOS, a través de nuestra Política de Igualdad de Género, se reconoce la perspectiva de género y el logro de la igualdad de género como un objetivo de desarrollo, que implica no sólo una estrategia fuerte de empoderamiento de la mujer sino el involucramiento activo de los hombres para cambiar las relaciones asimétricas de poder y los roles de género socialmente establecidos y reproducidos. Esto es una visión integral y transversal que se integra con el resto de las políticas organizacionales.

Con la Política de Género como herramienta central, nuestra organización asume la responsabilidad de prevenir y atender todo tipo de violencia que pueda darse por condicionantes de género o por prejuicios vinculados a ella y se compromete a promover acciones que contribuyan a la transformación de los patrones culturales y sociales que sostienen los estereotipos clásicos de dominio.

Luchar contra cualquier forma de violencia hacia la mujer, las niñas y adolescentes, requiere un compromiso decidido que parta de visibilizarla, prevenirla, identificarla, denunciarla y sancionarla. Sólo el compromiso social colectivo y la exigencia de políticas de Estado que garanticen el ejercicio de los derechos humanos construirán a una sociedad más justa y equitativa, donde niñas y adolescentes puedan crecer y desarrollarse integralmente, en entornos seguros y protectores.
 
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