Visibilizar la negligencia, un paso hacia la protección.

En los últimos años hemos sido testigos de un proceso a partir del cual se ha instalado cierta conciencia en relación a las prácticas que constituyen actitudes violentas hacia niños y niñas. Sin embargo, convivimos cotidianamente con manifestaciones de violencia que, aunque se presenten como sutiles o naturalizadas, constituyen una grave vulneración de derechos de miles de niñas y niñas.
 


En los últimos años hemos sido testigos de un proceso a partir del cual se ha instalado cierta conciencia en relación a las prácticas que constituyen actitudes violentas hacia niños y niñas. Si bien este proceso es aún insipiente y queda mucho por avanzar, existe cada vez más conciencia en relación a la sanción y repudio respecto a ciertas prácticas de violencia explícita hacia los niños. Sin embargo, convivimos cotidianamente con manifestaciones de violencia que, aunque se presenten como sutiles o naturalizadas, constituyen una grave vulneración de derechos de miles de niñas y niñas.

Habitualmente creemos que a nadie le pasaría inadvertida una situación en la que un niño es víctima de violencia. No obstante hay ciertos mecanismos que permanecen invisibilizados. La falta de higiene, el bajo peso, el desorden alimentario, el cuidado médico impropio, la ausencia reiterada al colegio, la falta de interés por las responsabilidades escolares, la vestimenta inadecuada a la temperatura ambiente o la permanencia bajo cuidado de otros niños, entre otras tantas, constituyen prácticas violentas hacia niños y niñas.
Cualquiera de estas situaciones puede constituir, en algún momento de la vida del niño o niña, un hecho aislado. No obstante, cuando el descuido es constante los niños quedan expuestos a situaciones de mayor vulnerabilidad y de riesgo. Ahí es cuando el trato se vuelve negligente. Es por eso mismo que la negligencia siempre constituye una manifestación violenta.

La negligencia en la crianza de un niño o niña, es la imposibilidad por parte del adulto de asumir las funciones protectoras y de cuidado de las que el niño depende para desarrollarse plenamente. Se presenta bajo la forma de reiterados hechos de “descuido” que impiden o limitan el desarrollo integral de los niños o niñas que se encuentran bajo su cuidado.
Existen muchas familias en las que las conductas negligentes de crianza han atravesado  varias generaciones, pasando totalmente inadvertidas y naturalizadas. Como toda expresión de violencia, la negligencia no es exclusiva de ningún estrato social ya que por acción o por omisión hay miles de niños y niñas que crecen en ese contexto.

La negligencia constituye entonces una vulneración de derechos de niños y niñas, que se vuelve doblemente peligrosa debido a la inadvertencia general que reviste. Es un tipo de violencia que, aunque presente en muchas familias, pasa desapercibida. Es necesario partir de la problematización, la condena social y la denuncia.
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