Erradicar la violencia, un compromiso necesario.

El abuso emocional deja marcas que perduran en el tiempo. Es un tipo de maltrato que condiciona el desarrollo presente y futuro de los niños y niñas que lo viven. Está presente en todos los sectores sociales y, generalmente, pasa desapercibido. Es necesario actuar para detenerlo.


La violencia psicológica es una forma de maltrato, deja marcas que perduran en el tiempo. Existe numerosa evidencia que demuestra las consecuencias negativas que esta forma de violencia tiene en el desarrollo infantil. Sin embargo, cabe destacar que no representa un hecho aislado, sino que responde a un trato enfermizo continuo hacia un niño o niña que termina afectando de manera adversa la percepción de sí mismo y su desarrollo. El carácter crónico y el inicio de estas prácticas en edades tempranas de la infancia aumentan la gravedad de las consecuencias en el desarrollo integral de los niños.
Un niño o niña, víctima de abuso emocional ve directamente afectada su capacidad de vincularse con otros, de arribar a logros escolares, de desarrollarse cognitivamente, y de crecer de manera saludable.  El grito, la humillación, el menosprecio pueden hacer sentir a los niños que son despreciados, que no son amados, que son incapaces, que sólo están en el mundo para satisfacer necesidades ajenas.
La violencia psicológica hacia los niños y niñas impacta en su estabilidad emocional, llevando incluso a estados de tristeza y depresión.  El acto de violencia psicológica puede incluir, entre otras y en distinto grado, restricción del movimiento, amenazas, sustos, discriminación, utilización como chivo expiatorio, degradaciones, intimidaciones, humillaciones u otras formas de tratamiento hostil o rechazo.
A diferencia de otras formas de maltrato hacia los niños, la violencia psicológica ocurre a la vista de todos. Es por eso, una de las formas de maltrato infantil más difíciles de determinar y en general, se detecta cuando está asociada a otras formas severas de violencia. Sin embargo, cada caso es distinto y es importante resaltar que el abuso emocional puede convivir, o no, con otras formas de maltrato.
La violencia ataca la dignidad de la persona y no a la conducta equivocada. Produce un daño en el desarrollo personal y en la autoestima, es un ejercicio de abuso de poder, responde a prácticas rápidas, fáciles y no reflexionadas. Para que se produzca la violencia psicológica no es necesario que exista en las personas la motivación de dañar al niño; pueden incluso no darse cuenta de las consecuencias que tiene su estilo de interacción.
Por este motivo, trabajar en la detección temprana es fundamental. Es necesario poner la mirada en aquellas interacciones que tienen alta probabilidad de causar daños a la salud del niño debido a que son evolutivamente inadecuadas, insuficientes o incoherentes.
La detección precoz de situaciones de desprotección infantil es fundamental para mitigar las consecuencias y favorecer el pronóstico de recuperación. Así pues, cuanto antes se detecte y notifique una situación de desprotección mejores serán los resultados en la intervención que se realice con el niño, niña o adolescente y su familia.
A partir de nuestra experiencia de trabajo en Aldeas Infantiles SOS observamos que las pautas culturales de crianza, el desconocimiento acerca de las necesidades evolutivas de los niños y niñas, entre otros factores, reproducen modelos familiares que, en muchas ocasiones, van en detrimento de un desarrollo integral y por ende vulneran los derechos de los niños y niñas. Es por ello, que trabajamos fuertemente en el acompañamiento y fortalecimiento de las capacidades de crianza de las familias. Construir alternativas no violentas de vinculación al interior de ellas es uno de los desafíos que a diario enfrentamos en nuestro trabajo.
Desde el Estado y la legislación, existe la obligación de proteger al niño, niña o adolescente de toda forma de maltrato. Sin embargo, no alcanza con este marco. Es necesario involucrarse socialmente y comprender que al denunciar y/o informar a las autoridades, sólo se hace pública una sospecha de que un niño está en riesgo de sufrir malos tratos o de que, como resultado de la violencia, ha sido víctima de un delito. Es importante saber que en ningún caso es competencia del denunciante probar lo que informa, esta es una tarea de la autoridad competente.
La denuncia del maltrato infantil, además de ser una obligación jurídica, es una toma de posición que denota un compromiso real hacía la erradicación de la violencia contra los niños, posibilita detener el círculo de violencia que se reproduce y permite garantizar una infancia donde el pleno ejercicio de derecho sea una realidad.
Para terminar con la violencia contra los niños es necesario el compromiso de cada uno de nosotros. Es imprescindible avanzar en la prevención y concientización acerca de los efectos del maltrato en el desarrollo de los niños y niñas. 
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