4 DE OCTUBRE – 04.10.26

La ESI más allá de la escuela: a 20 años de la Ley de Educación Sexual Integral

Se cumplen dos décadas de la sanción de la Ley N° 26.150 de Educación Sexual Integral (ESI), una normativa que planteó la oportunidad histórica de abordar en la escuela contenidos y prácticas vinculadas a la sexualidad en sus dimensiones biológicas, psicológicas, sociales, afectivas y éticas.

La ESI se sostiene sobre cinco ejes transversales: ejercer nuestros derechos, cuidar el cuerpo y la salud, valorar la afectividad, reconocer la perspectiva de género y respetar la diversidad. Este marco permite comprender la sexualidad desde la integralidad, trascendiendo la mera explicación del aparato reproductor o la prevención de infecciones de transmisión sexual. 

Aunque nació circunscrita al ámbito escolar, hoy sabemos que la ESI es una herramienta fundamental para que las organizaciones sociales ofrezcamos respuestas eficaces frente a violencias de género, abusos y maltratos hacia infancias y juventudes. 

Diversidad y derechos como horizonte 

En el centro de la ESI se encuentran los derechos humanos y el respeto por la diversidad. Compartir la vida con otras personas nos enriquece y nos potencia en la medida en que nos conecta con experiencias y trayectorias distintas a las propias. 

En Aldeas Infantiles SOS valoramos de la ESI su capacidad para poner en el centro la pluralidad de voces, cuerpos, territorios e identidades que somos. Reconocer la diversidad como potencia implica valorar las particularidades étnicas, corporales, funcionales, identitarias, sexuales, culturales y sociales que constituyen lo colectivo. La ESI promueve la participación activa en igualdad de condiciones, superando la noción de solo "tolerar" lo diferente para pasar a una inclusión real. Asimismo, nos ofrece herramientas para revisar mandatos y roles naturalizados que generan desigualdades de género. 

Poner en palabras para prevenir, acompañar y cuidar 

Con la ESI se puede nombrar aquello que permanecía oculto. Permite nombrar las violencias ejercidas por razones de género en todos los ámbitos, desde las psicológicas hasta sus expresiones más extremas, como los femicidios y la trata de personas. Desarmar tramas complejas exige sostener una educación que ponga en evidencia estas prácticas en la vida cotidiana. 

Los abusos hacia niñas, niños y adolescentes alcanzan niveles alarmantes en amplios territorios de nuestro país, y con frecuencia ocurren en entornos intrafamiliares y derivan en maternidades forzadas. Entre 2017 y octubre de 2023, la Línea 137 atendió a 16.286 niñas, niños y adolescentes víctimas de abuso sexual, con un aumento del 91% en ese período. Casi la mitad de esas agresiones ocurrió en la vivienda de la víctima, del agresor o de un familiar. La ESI aporta herramientas clave para que las y los estudiantes puedan dar visibilidad al abuso, propicia la escucha activa hacia quienes fueron silenciados e identifica situaciones de vulneración. Que las infancias y adolescencias puedan pedir ayuda y romper el secreto es el camino para garantizar vidas libres de violencia. 

Por otro lado, frente a una sociedad que profundiza exigencias estéticas, dictando cómo ser, qué comer o qué cuerpos tener, la ESI también nos invita a revisar los modelos hegemónicos de belleza promovidos por redes sociales. Promueve el cuidado de la salud física y mental para entender que la belleza no tiene un único modelo posible. 

Cuidado, autonomía, derechos y lazo social 

Tal como establece la ley en su artículo 3°, la ESI busca "asegurar la transmisión de conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados", nutridos por los aportes científicos y académicos del país. 

En esa línea, promueve democratizar las tareas de cuidado para construir relaciones igualitarias. Busca desnaturalizar que la crianza, el acompañamiento en la enfermedad, la protección o el trabajo doméstico sean responsabilidad exclusiva de las mujeres o identidades feminizadas. El cuidado es un derecho, tanto de quien lo recibe como de quien lo ejerce y una condición para el bienestar individual y colectivo, abarcando a las personas, la comunidad y el ambiente. 

La ESI enseña que infancias y adolescencias son sujetos de derecho y de cuidado. Esta perspectiva, respaldada por tratados internacionales de rango constitucional, obliga a acompañar su autonomía progresiva: escuchar sus voces de forma respetuosa y reconocer su rol como actores de cambio social. 

Fortalecer la autonomía implica dar capacidades para decidir sobre el propio cuerpo y la sexualidad con información certera, responsabilidad y sin presiones. Abarca desde el autoconocimiento hasta el libre acceso a la salud y a los derechos sexuales, reproductivos y no reproductivos. 

En materia de salud mental la ESI es una herramienta fundamental, ya que favorece, desde la primera infancia, el desarrollo de herramientas para poder identificar las emociones y poder administrarlas. Estas herramientas son fundamentales en la adolescencia y juventud, porque posibilita el poner en palabras lo que se atraviesa y poder solicitar ayuda 

Una trama comunitaria para no quedarnos en soledad 

La sexualidad excede lo biológico y está atravesada por relaciones sociales, estereotipos y desigualdades. La ESI cuestiona la heteronormatividad como parámetro único de validación y visibiliza los condicionantes culturales, promoviendo una mirada que incluya y valore las diferencias. Recupera además la conversación y el diálogo para construir pensamiento colectivo y consensos, y propone repensar los vínculos desde el cuidado y la afectividad. Así, permite abordar colectivamente situaciones de acoso o discriminación y construir espacios seguros, donde nadie quede en soledad. 

Por todas estas razones, desde Aldeas Infantiles SOS reafirmamos que la ESI es mucho más que una ley: es una herramienta pedagógica y comunitaria indispensable para que las presentes y futuras generaciones crezcan con libertad, cuidado y dignidad, en entornos donde sus derechos sean respetados.